**Capítulo 1**
Cuando mi jefe me pidió que organizara la cena de fin de año de la empresa, pensé: "Esta es mi oportunidad". Después de todo, llevaba 18 años en la misma oficina. 18 años siendo "el del café" y "el de las fotocopias". Necesitaba brillar.
Mi plan era simple: alquilar un salón bonito, contratar un DJ, pedir comida decente. Nada del otro mundo.
Pero mi mujer me dijo: "Haz algo diferente. Algo que recuerden".
Diferente.
Esa palabra me persigue ahora mientras escribo esto desde la comisaría.
Diferente fue alquilar un autobús para llevar a 25 compañeros a una "casa rural exclusiva" en las afueras de Guadalajara. Las fotos de Internet eran preciosas: jardines, chimenea, habitaciones amplias. El precio era sospechosamente bajo, pero pensé que había encontrado una ganga.
Diferente fue contratar un "animador profesional" por recomendación de un amigo de un amigo. El tal "Mago Kevin" me aseguró que tenía 15 años de experiencia. En el momento de pagarle, noté que su tarjeta de presentación tenía un número escrito con marcador encima de otro tachado. No le di importancia.
Diferente fue no leer la letra pequeña del contrato de la casa rural. Quién lee la letra pequeña, ¿verdad?
Ahora son las 2 de la mañana. El autobús está atascado en un lodazal a tres kilómetros de nuestro destino. El conductor dice que "las lluvias de diciembre son traicioneras". Nadie le cree. Hace tres semanas que no llueve.
El animador resultó ser un mago fracasado que solo sabe hacer un truco: convertir pañuelos en palomas muertas. Ya lleva cinco. Hay plumas por todo el autobús. El olor es inconfundible.
Y alguien, en algún momento de la cena de picnic de emergencia que improvisamos en la cuneta, mencionó la palabra "espíritus". Ahora mi compañera de contabilidad, la señora Elena, está convencida de que la casa rural está embrujada. Lleva una hora leyendo reseñas en Google Maps. Spoiler: no son buenas.
Lo peor: mi jefe se llevó la última cerveza y no piensa compartirla con nadie. La tiene agarrada como si fuera su hijo pequeño.
Y lo peor de todo: acabo de ver una sombra moverse detrás de la ventana de una cabaña abandonada junto a la carretera.
O es un fantasma… o es mi suegro, que vive a dos pueblos de aquí y no sabe que vine.
Diferente, dijo ella.
La próxima vez, alquilo un puto salón.
