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    Misterio
    4 min de lectura2024-05-22

    La otra madre

    Autor

    Belen V.

    Portada oficial de la historia: La otra madre, del género Misterio
    Emilio llegó un martes. Tenía seis meses, los ojos más oscuros que había visto en mi vida, y una forma de mirar que me dejó paralizada desde el primer segundo.

    Emilio llegó un martes.

    Tenía seis meses, los ojos más oscuros que había visto en mi vida, y una forma de mirar que me dejó paralizada desde el primer segundo. No era la mirada de un bebé. O sí lo era, pero había algo más adentro, algo que no supe nombrar en ese momento y que después me quitaría el sueño durante semanas.

    Los primeros cuatro días fueron perfectos.

    Osvaldo se levantaba en las noches sin que yo se lo pidiera. Emilio dormía bien, comía bien, lloraba lo justo. Mis amigas me decían que teníamos suerte, que los bebés adoptados a veces traen un estrés de adaptación terrible, y yo asentía y pensaba que sí, que habíamos tenido suerte.

    El quinto día escuché la canción por primera vez.

    Era de madrugada. Emilio dormía. Osvaldo también. Me levanté a tomar agua y al pasar por el pasillo escuché algo que venía del cuarto del bebé. Una melodía. Suave, lenta, como de caja de música antigua.

    Abrí la puerta despacio.

    Emilio dormía boca arriba, con los brazos abiertos, respirando tranquilo. No había ninguna caja de música. No había ningún juguete encendido. El celular de Osvaldo estaba en el velador apagado.

    Cerré la puerta.

    Me quedé parada en el pasillo un momento largo, escuchando.

    Silencio.

    Volví a la cama y no le dije nada a Osvaldo. Pensé que había soñado despierta, que el cansancio te juega esas bromas.

    Me lo creí durante exactamente tres días más.

    La octava noche, la canción sonó más fuerte. No era mi imaginación. Era real, tangible, como si alguien estuviera tarareando a dos metros de la cuna. Me levanté sin hacer ruido y caminé hacia el cuarto de Emilio con el corazón latiéndome en la garganta.

    Abrí la puerta.

    Emilio no estaba dormido. Estaba sentado en la cuna, algo imposible para un bebé de seis meses, mirando hacia el rincón izquierdo del cuarto. Y sonreía. No la sonrisa involuntaria de los bebés. Una sonrisa completa, consciente, como si estuviera respondiendo a alguien que yo no podía ver.

    La canción se detuvo cuando entré al cuarto.

    Emilio giró la cabeza hacia mí y su sonrisa desapareció. No lloró. No hizo ningún ruido. Solo me miró con esos ojos negros, enormes, con una expresión que no pertenecía a un bebé de seis meses. Era una expresión de alguien mayor. De alguien que llevaba mucho tiempo esperando algo.

    Osvaldo no me creyó cuando se lo conté. Me dijo que estaba agotada, que la adaptación era difícil, que buscara ayuda profesional si lo necesitaba. Asentí. Le di la razón. Y esa misma noche instalé una cámara oculta en el cuarto del bebé.

    Al día siguiente revisé las grabaciones. A las 3:47 de la madrugada, la cámara registró algo. No era una persona. No era una sombra. Era una forma, apenas visible, inclinada sobre la cuna. Duró once segundos. Después desapareció.

    Pero lo que me hizo llamar a Osvaldo y mostrarle el video no fue la forma. Fue Emilio. En esos once segundos, mi hijo levantó la mano y la extendió hacia la figura, como un bebé que reconoce a su madre.

    Y la figura, por un instante, acarició su mano.

    No dijimos nada durante un rato largo. Osvaldo pausó el video tres veces. Rebobinó. Volvió a mirar.

    Después me preguntó, con una voz que no le reconocí: "¿Tú también escuchas la canción?"

    Y por primera vez, le dije la verdad.

    Escrito por Belen V.

    Escritor especializado en el género de Misterio. Apasionado por crear narrativas inmersivas que atrapan al lector desde la primera página, combinando elementos clásicos con giros inesperados.

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